miércoles, 23 de febrero de 2011

Vale, hablemos de dignidad.

O mejor aún, hablemos de Dignidad. Con mayúsculas.
Aunque, quizá, debería decir que hablemos de indignidad o indignidades...

Hace tiempo que no publico, y no ha sido ni por falta de ganas, ni por falta de tiempo. Ha sido por falta de coraje, o de inspiración para decir lo que tengo en la cabeza y no sé explicar. O quizá sí que se cómo explicarlo, pero no me atrevo...

El caso es que han ocurrido muchas cosas. Esta vez, empiezo por Villena (original soy, ¿eh?)Vamos a hablar de la Dignidad que nuestros mayores merecen y de la indignidad del Equipo de Gobierno. En Villena un grupo de monjitas (a las que siempre he tenido mucho cariño, inculcado por mi abuela, respeto y admiración por el trabajo que hacen) que cuidan en el Asilo (Palacio Mergelina) de muchos mayores que, por circunstancias, estan con ellas. El caso es que el Palacio está que se cae. Y ni Celia ni el PP han considerado oportuno hacer nada para evitarlo. Gastan 20 millones para levantar una plaza de toros cubierta y empiramidada, que solo sirve para agrandar egos ya de por sí incomensurables, pero no pueden pedir un crédito de 42.000 euros para arreglar un forjado y evitar el cierre de este centro asistencial. ¡Arcadas me entran sólo de pensarlo! Menos mal que hay gente con cabeza que hemos levantado la voz, y ahora parece que recapacitan... Indignos son de llamarse Gobierno.

Hay cosas que me sublevan. Me siento incapaz de entender la visión que esta gente tiene de la política.

Yo estoy enamorado de la Política. ¿Acaso hay algo mejor a lo que dedicar la vida que a mejorar nuestra sociedad? ¿Qué mejor servicio puede hacerse, que el de servir a tu comunidad? Si lo hay, yo lo desconozco. Aunque no ignoro, como tampoco lo desconoceis vosotros, que hay mucho vividor, mucho chupóptero, mucho jeta suelto, que lo único que busca es vivir cómodamentey sin esfuerzo. Esos son los que humillan, denigran y manchan el nombre de la política y el honor y privilegio que supone ser representante de tu gente. Indignos son, todos ellos, de llamarse políticos. No son dignos de reclamarse representantes del Pueblo, si la población que les importa es la que puebla sus bolsillos.

Tristemente, de esos hay en las filas populares, pero también en las que yo milito, y en muchas otras, naturalmente... Nadie está a salvo de estos individuos de dudosa catadura ética.

Sin embargo, imagino que os pasará a todos, duele mas cuando es nuestra propia gente la que incurre en esa actitud. No voy a personalizar en nadie de mi partido, ya que entiendo que, últimamente, se han cometido algunas injusticias. Por exceso de celo en algún caso. Y por motivos que (no?) se me escapan, más recientemente.

Son conductas cuya dignidad puede ser cuestionable. Y eso, en el PSOE no puede consentirse. Pretendemos ser una alternativa de gobierno. Se nos mira cada movimiento con lupa. Tenemos que ser honrados, dignos y justos. Y tenemos que parecerlo.

No es fácil. Ya lo sé. Pero es lo que hay que hacer. Si eso nos falla, ¿que nos queda?

2 comentarios:

Rubén Malonda dijo...

La inmundicia tiene que ser erradicada y solo se puede imponiendo la ética y los valores siempre de la convicción frente a los intereses particulares.

Es muy importante que esa mediocridad que se tiene en el mundo de la política desaparezca o quede en su lugar: en un rincón.

Me parece un articulo muy atrevido y creo que de estas cosas, los socialistas tenemos el deber de hablar, ya que más allá de las ideas, estan las personas donde sus convicciones tienen que servir per a mejorar nuestra sociedad.

Ánimo y fuerza!

GELY dijo...

Pues mira lo que son las cosas querido Antonio, yo se por alguien que trabajo para esas bondadosas monjitas, que cuando llegó la hora de votar en las pasadas municipales, estas caritativas madres de los ancianos desvalidos de Villena, se dedicaron a cambiar a estos, las papeletas del PSOE por las del su querido y amado PP. No me gusta lo que está sucediendo en dicho edificio, pero, digo yo, que algo de culpa tienen ellas por haber jugado sucio, contribuyendo con artimañas a que los ancianos cambiaran su voto y darle el triunfo a un partido (el PP) que ha pasado de ellas olimpicamente